Nairo Quintana gana su primera vuelta

Aquel pedaleo para ir a la escuela junto a su hermano Dayer y su hermana Esperanza. 21 kilómetros para allá y 21 kilómetros de vuelta. Hablar de un ciclista colombiano y escarbar en sus orígenes es encontrar instintos de supervivencia. Por eso, quizás, Nairo Quintana comenzó a correr en el «Boyacá es para vivirla», allá por el 2009. También militó en el «Colombia es pasión». Vida y pasión, elementos que no faltan en el universo ciclista colombiano, quizás mundial, pero más acentuado allí donde nacieron los escarabajos. A la sombra de Lucho Herrera, que apareció en el Tour como un mapinguari mitológico, un ser extraño que alteró la vida de una prueba tan clásica. Siguiendo su rastro llegaron más. Y llegó Nairo y en el cielo surgió un relámpago.

Nairo

Nairo

Amenazaba tormenta este muchacho de carnes apretadas, rostro amplio, que buscaba el Tour y no encontraba la Vuelta. Y resulta que fue un repecho, el que le abrió el cielo. 51 puertos de montaña y resulta que fue un repecho de apenas unos metros, donde Nairo Quintana ganó la Vuelta. Contador fue atrevido, porque él fue listo y porque Froome aún digería el desayuno.

Nairo era algo más que el colombiano que sube a todas las partes, era el listo de la clase, el madrugador, el valiente que ataca fuera de su territorio. Nadie le esperaba en Sabiñánigo, pero el colombiano debió acordarse de que Boyacá es para vivirla y que Colombia es pasión. Decidió comprar un ticket para la aventura que acababa en Formigal.

Esperó al sábado resistiendo todos los ataques de Froome, cuando sintió el calor de su equipo y se adjudicó una Vuelta que necesitaba ganar. Nairo ya tiene dos grandes en su palmarés. Le falta el Tour. No está muy lejos, el muchacho vive con su familia en Mónaco, que está más cerca de París que Boyacá. Las alergias le borraron de las posibilidades en el Tour. Las alergias y el colombiano van juntas. Él corre, siente, ataca y se defiende. Quizás en el paseo de Madrid le dio tiempo a fijarse en una pancarta con la bandera colombiana, con el lema «por la paz». Ya solo le queda el Tour, tantas veces soñando con sentir lo que Lucho no pudo sentir.

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