Andy Murray, maestro y rey II

Djokovic se volvió a sentir vulnerable, excesivamente plano, sin trucos para desactivar el electrizante juego de Murray. Hasta que el escocés demarró, con una rotura en el octavo juego del primer parcial, hubo tanteo y equilibrio. Pero una vez que el británico dio el primer zarpazo y quebró por primera vez el servicio de Nole todo fue viento a favor para él. Costaba imaginar que en los dos días previos se hubiera dado una pechada, en las dos citas kilométricas contra Nishikori y Raonic. Murray revoloteaba por el tapiz del O2 con toda frescura del mundo, como si el que llevase un palizón fuera su adversario, romo y previsible.

Murray

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Desde hace tiempo da la sensación de que Djokovic no es Djokovic, sino un sucedaneo. El de Belgrado ha perdido el filo e incluso el apetito. Mentalmente está roto. Este domingo, después de fallar dos voleas clamorosas, ni rastro del campeón herido de otros tiempos. Resignación, cabeza gacha. Poco más. Ni siquiera el enfado lógico consigo mismo, ni los feos gestos de otras ocasiones, la tensión. Nada. O, más bien, poco. Brazos en jarra la mayor parte de la noche, mirada vacía. Desde que Murray le asestó el primer estacazo se instaló la impresión de que la balanza iba a caer del lado británico, de que la gran final se había resuelto antes de los esperado.

No fue el día de Nole. No jugó bien y cometió muchos errores. Murray merece ser el número uno. Dejemos que disfrute de ello. Nole, se ha dejado una ventaja de más de 8.000 puntos desde que se coronase en Roland Garros.

Djokovic se revolvió ligeramente, pero sin mucha fe. Después de encajar dos breaks en el segundo set, 1-4 en desventaja, limó la diferencia. Un espejismo, porque en realidad fue más demérito de su oponente. A pesar de 4-3, del 5-4, nunca pareció que a Murray se le pudiera escapar el trono. el rey, lo dejó muy claro esta vez, es él. Sin paliativos. Con esa condición arrancará 2017, como el hombre a batir. Nueve títulos, entre ellos un Grand Slam y el oro olímpico. Y por supuesto, el primer trofeo maestro. Empieza una nueva era.

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